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La
Patria, 13 de abril del 2006
El caso Bakovic: Caza de brujas
Alfonso Gumucio D.
Con el argumento de combatir la corrupción se puede caer fácilmente en otro tipo de corrupción: la del poder administrado indiscriminadamente. La persecución política tiene ese lado grotesco: los que mandan ahora se vengan de los que mandaron antes. Y para ello no necesitan realmente aplicar la ley, porque los que aplican la ley son suficientemente serviles del poder de turno y hacen lo que se les pida. Si les ordenan que “encuentren pruebas”, seguramente van a encontrar o fabricar algo que convenga a los planes de vendetta.
El encarcelamiento de José María Bakovic me hace recordar los meses de prisión que padeció mi padre en la época de Barrientos, en 1967, en el mismo Penal de San Pedro. En esa época estaban con él en la sección “Pinos” y “Alamos” dirigentes de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), de la talla de Simón Reyes, Alberto Jara, Chacón, Irineo Pimentel, entre otros. En estos casos de prisión injustificada, no quedan mal los presos, sino los perseguidores y represores.
Solamente he visto una vez al expresidente del Servicio Nacional de Caminos, y no lo conozco más que de vista. No es ni amigo, ni familiar, pero me siento impelido a escribir estas líneas porque me parece que es víctima de una injusticia humillante. Un señor que ya había hecho su carrera, y muy bien, en organismos internacionales, no necesita convertirse en un pillo y mancillar de esa manera su apellido. Bakovic aceptó, según tengo entendido, la presidencia del SNC para hacer algo por el país luego de muchos años de ausencia. No necesitaba de ese trabajo, y seguramente no lo hubiera aceptado si hubiera sabido que sería víctima hoy de una caza de brujas despiadada.
Según lo que se puede leer en la prensa, no hay mayor sustancia en la acusación que se le hace. He leído que la única “prueba” presentada en su contra es un papel que ni siquiera lleva su firma. Por ese papel que alguien fabricó, este señor de 68 años tiene que pasar unos días en la cárcel. Pero de allí saldrá fortalecido y debilitados los que cometieron el abuso de enviarlo detrás de las rejas sin pruebas serias de las acusaciones de corrupción.
Todo empezó con una de las declaraciones estilo “brulote” de nuestro emperador “Bocaza”, que cada vez que abre la boca mete la pata. Primero la acusación y después una orden: “encuentren alguna prueba”. ¿Qué manera de hacer justicia es esa? En otras palabras, pónganlo preso por si acaso no sea inocente…
Tengo la certeza que todo esto viene de algún dirigente de los trabajadores de caminos, que tenía su cuenta pendiente con Bakovic y se la está cobrando ahora. No da la cara, pero obra a través de los mecanismos del Estado para castigar a Bakovic. La justicia, en todo esto, no es más que un pelele que actúa según a donde soplen los vientos. ¿Quién cree en la justicia en Bolivia?
Como en otras oportunidades el emperador Bocaza morderá el polvo que él mismo levanta con sus declaraciones. Ya se retractó de sus acusaciones a Estados Unidos y otras que ha hecho sin la menor consistencia. Primero dispara y luego pregunta. Ahora dice que “una transnacional está poniendo millones para sabotear al gobierno”… ¿Por qué no dice cual? Demasiado fácil es siempre echar la culpa a otros para tratar de explicar por qué no se avanza. Sin embargo, con 80% de popularidad y mayoría en el Congreso (cosa que no tenía ningún presidente anterior), no se explica uno por qué no cambia las leyes neoliberales que, según su más reciente declaración, lo mantienen prisionero.
Todo esto daña al país y lastima la imagen de un gobierno que promueve el cambio, la justicia social, la convivencia entre los bolivianos. ¿O será que no promueve eso sino todo lo contrario? Ya estamos en el tercer mes de gobierno, demasiado pronto para hacer una evaluación de la gestión, pero nos parece importante ir señalando las fallas y los errores, para que no se cometan otra vez.
Es muy triste que el proceso de cambio que vive el país tenga como figura central a un caudillo que no sabe distinguir entre la autoridad moral y el autoritarismo
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